Cuando nos avisaron por Lena, vivia en un campo donde se pasaba todo el dia atada de una cuerda, y donde apenes tenian tiempo para cuidar de ella, estaba muy delgada y desmejorada. Ahora gracias al cariño y al esfuerzo de los voluntarios de la protectora, Lena rebosa vitalidad y ganas de jugar. Es una perra preciosa, obediente y muy cariñosa.